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Unidad Psiquiatría: Zooterapia
Pablo tiene una gran capacidad de memoria
y preguntando, aprendió a leer inglés e italiano.
En castellano - su lengua -, los elegidos fueron los nueve
libros de la historieta Mafalda. Cuando su madre acudió
al hospital para entender qué le pasaba a su hijo,
él llevaba una de sus historietas en la mochila.
Y durante un año y medio, lo único que hizo
en su terapia fue leer Mafalda en voz alta.
Hace unos meses, Pablo enfrentó una
situación novedosa ya que una perra se había
incorporado a la sesión. La consigna fue simple:
leería una cierta cantidad de páginas y luego
estaba invitado a jugar con el animal. Llegado el límite,
el pequeño cerró su libro, y tomó la
pelota que empezó a circular entre la perra, su terapeuta
y él. La psicóloga estaba feliz. Con el nuevo
estímulo había logrado romper el esquema fijo
de conducta de uno de sus pacientes autistas. Levantar esa
barrera significaba el comienzo de la educación de
Pablo.
La escena ocurrió hace unos meses
en un consultorio del Hospital General de Niños "Pedro
de Elizalde" de la ciudad de Buenos Aires, donde los
psicólogos Amelia Lorena y José Pose coordinan
el Programa de zooterapia para el tratamiento de niños
con trastornos generalizados del desarrollo (trastornos
graves que se originan dentro de los primeros 5 años
de vida, incluido el autismo) o retraso mental.
Fruto de diez años de estudio e investigación,
el Programa comprende una metodología denominada
psicoeducativa con técnica de asistencia animal -
la zooterapia - que se basa en la estimulación para
favorecer tanto el aprendizaje como la adaptación
de estos niños con capacidades diferentes.
Pablo tiene 6 años y padece síndrome
de Asperger, un tipo de autismo. Por eso, su lectura "es
un lenguaje hueco ya que no tiene el sentido de lo que lee,
no le sirve para desarrollarse, incorporar esa información
o comunicarse. Usa el estereotipo pero se queda en él,
no puede superar ese esquema fijo y repetido que está
apoyado en una capacidad de memoria muy grande", explica
Pose.
"Lo interesante - agrega Lorena - es
que la perra logró en el primer contacto que juegue
con ella y conmigo. Porque lo más dificultoso es
mover ese patrón fijo que es lo que abre la puerta
para que el niño pueda aprender otras cosas. Sacarlo
de ese aislamiento es lo primero. Por eso hay que ir buscando
los puntos de estimulación. Roto el esquema puede
empezar a incorporar otras conductas a través de
la escuela y la familia".
Niños con capacidades diferentes
El autismo es un trastorno generalizado
del desarrollo y se caracteriza por problemas en la comunicación
social y el contacto con el mundo externo. Y aunque es una
patología aparentemente de origen genético,
los síntomas se perciben alrededor del año
y medio, cuando empieza el período de socialización.
La alteración tanto sensorial como perceptiva que
padece, le impide al niño recibir estímulos
externos y el lenguaje, a menudo, no le sirve para comunicarse.
"Los síntomas son trastornos
en la comunicación y la interacción social.
Son pequeños con conductas estereotipadas y rutinarias.
Tienen una mirada vacía que atraviesa el objeto;
están aislados y les cuesta mucho adaptarse a cosas
nuevas. Por eso, hay que respetar sus tiempos y su forma
de aprender", define Pose.
Esa conducta fija y siempre igual es particular
en cada niño. Para crecer y desarrollar otras habilidades,
el primer objetivo de los terapeutas es poder diagnosticarla,
algo así como dibujar o desentrañar ese esquema.
Sólo después de acceder a la particularidad
de cada paciente, ellos están en condiciones de diseñar
un programa psicoeducativo. Es decir, estipular cuáles
son las cosas que ese niño puede aprender y de qué
forma hay que estimularlo tanto en su casa como en la escuela.
¿Cuál es, entonces, la función
del perro en esta tarea terapéutica? Por un lado,
acorta los tiempos y amplía la certeza del diagnóstico.
Como los perros también tienen conductas fijas, con
su comportamiento refleja qué patrón rígido
tiene adelante. "Ante cada paciente, el animal adapta
su respuesta o propuesta de juego y con su actuación
nos dice a qué patrón está respondiendo,
de ahí el diagnóstico", explica Pose.
Por ejemplo, Key juega activamente durante
media hora con un niño con retraso mental donde el
contacto entre los cuerpos es constante y el movimiento
incesante. Pero ante un niño con trastorno severo
que la rechaza, Key se echa tranquila a descansar y observar
cómo el niño se para sobre la manta o toma
los juguetes. Y entonces el animal empieza a jugar con esa
conducta: se acerca y le tira del cordón del zapato.
En cuanto el nene le dice "no", la perra se aleja.
El patrón que repite es simplemente tocarle el cordón
de los zapatos.
Para el profesional, un diagnóstico
que antes demandaba dos meses, con Key se resuelve en un
solo encuentro. Para ello, el terapeuta filma la sesión
donde actúa como observador. Luego selecciona una
secuencia y analiza la interacción niño-perro.
El film le permite estudiar los movimientos cuadro por cuadro
y llegar a la llave que abrirá la puerta de futuros
estímulos.
Durante el resto del tratamiento, la perra
sigue participando de las sesiones y actúa como un
estímulo terapéutico.
Key, la pequeña labradora
Key pertenece a una raza -labrador retrieber-
que busca presas de caza o pesca. Tiene gran inteligencia
y capacidad de juego; no ladra y busca la compañía
humana. "Elegimos un perro porque puede trabajar en
espacios reducidos; estimula; es ideal para aprendizajes
específicos; es el animal de compañía
por excelencia y tiene mucha afinidad con los niños",
caracteriza Pose.
Con sólo seis meses de vida, Key
está especialmente entrenada para el programa. Además
del adiestramiento básico (sentarse, acostarse, quedarse
quieta, caminar junto al amo), sabe explotar al máximo
su capacidad de juego. Pose es el encargado de su educación
y dice que "el objetivo es que no pierda la naturalidad
dentro de su esquema de comportamiento".
El Elizalde es el primer hospital público
en Latinoamérica que trabaja en forma gratuita con
zooterapia. El Servicio de Salud Mental comprende treinta
profesionales que atienden a 200 niños por día.
El Programa de zooterapia (inaugurado este año) lleva
incorporado los primeros 40 pacientes del Servicio. Mientras
tanto, se están construyendo los caniles y la Cámara
Gesell. En el 2002, la institución planea incorporar
dos nuevos retrieber y los coordinadores calculan que atenderán
a más de 200 pacientes dentro del Programa.
Cada niño recibe un tratamiento que
se extiende entre seis meses a un año. Después,
los controles se van espaciando hasta una vez por mes. Pero,
"nunca se cierra una historia porque al llegar a la
adolescencia tienen cambios y hay que reajustar ya sea la
terapia o la medicación", aclara Lorena. A los
20 años, el joven se deriva a una institución
de adultos.
Los padres se abordan desde dos tipos de
trabajo según el caso. Dentro del programa psicoeducativo
trabajan concretamente sobre cómo van a estimular
al niño en la casa. Y si lo necesitan, reciben terapéutica
familiar. "Se busca desbloquear aquellas cuestiones
que tienen que ver en el vínculo e impiden que los
padres puedan estimular adecuadamente a su hijo. Son chicos
que necesitan mucha atención, padres fuertes, enteros
y empujando constantemente para que el niño se pueda
adaptar a la vida", señala Lorena.
"Estos chicos son distintos - agrega
- . Para los padres, aceptar esa diferencia es una barrera
difícil. Todo comienza por el lugar de la aceptación
para ser creativos y estimulantes. En definitiva, se tiende
a mejorar la calidad de vida tanto del niño como
su familia". Y Key es la gran aliada que permite abrir
nuevas puertas para salir a jugar.
Si desea contactarse con el Servico de
Salud Mental o con el Lic. José Pose puede hacerlo
a Avda.Montes de Oca 40 - Capital Federal. (1270) -
Argentina Teléfono : (54-1) 307-5553 / 5842 / 7491 / 4788
Fax. (54-1)307-7400 o por mail a josepose@intramed.net.ar
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